*Alex Darío Rivera M.
Por aquello de la mera curiosidad, después de
leer un artículo del poeta Oscar Amaya Armijo, pensé en los “razonamientos” que
pudieron haber lindado en las mentes luminosas de los perínclitos hondureños
que aprobaron la asignación de “maestros sustitutos” para cubrir “las vacantes”
dejadas por los docentes en su afán de buscar el respeto a la educación
pública, a sus derechos, a sus recursos y a sus conquistas. Consulté los
sinónimos de la palabra “Sustituto” (Suplente, Interino, Transeúnte, Sucedáneo,
Substituto, Transitorio y Accidental, entre otras) a fin de pretender encontrar
elementos de interpretación sobre el concepto de la medida oficial, desde
luego, sin caer a un mero juego semántico. Ya el concepto de esa disposición,
devela la dimensión que los “politiqueros” asignan a ese derecho fundamental de
la educación de los pueblos. Tema que por su trascendencia, no se puede dejar
en manos de “sustitutos”. El “común” del pueblo lo entiende, por ello los
padres y madres de familia se solidarizan con la lucha magisterial, consideran
que sus intereses están representados en esas mismas demandas. Si bien es
cierto, en la lógica capitalista abunda y se prolifera una permanente masa de
desocupados (trabajan como sea y en lo que sea), seres que únicamente ofrecen
su mano de obra barata en la economía y son percibidos en este sistema como
objetos desechables, reemplazables, descartables, igual que un envase de
gaseosa vacío; considero que el sistema educativo público -por ofertar un
derecho elemental-, éticamente, no debe valorar al ser humano desde esa óptica,
puesto que la educación es un derecho, no una mercancía, menos debiese ser la
visión de aquellos nombrados para ser los “responsables” de orientarlo y velar
por su cumplimiento. El derecho de los docentes no debe ser soslayado con la
demagogia de asegurar el derecho de la niñez y, mucho menos a la inversa,
ambas, son obligaciones del Estado. Pero más allá de eso, un educador
verdadero, formado y con vocación para ello, amparado en términos de un “Estado
de derecho”, no puede “sustituirse” por mero antojo de los “políticos” que han
convertido el sistema educativo en el espacio más grande de empleo a sus
activistas y pega afiches. O acaso, considera Usted qué: ¿Puede ser “sustituido”
un docente, únicamente por defender un sistema educativo público amparado por
la Constitución de la República (violentada un sinnúmero de veces)? ¿Puede ser
“sustituido” un docente, por exigir el pago de más de cinco mil millones de
Lempiras sustraídos al INPREMAH, institución que “resguarda” el aporte mensual
de ellos para garantizarse una jubilación segura y una vejez –más o menos-
digna? Dinero usurpado por los gobernantes en los que ha caído el país después
del golpe de Estado del 2009, deuda que el actual gobierno se comprometió pagar
desde el año anterior, sin cumplimiento real. ¿Puede ser “sustituido” un
docente, por reclamar el pago salarial de cerca de cinco mil maestros que
laboraron durante el año anterior, con familias que sustentar y compromisos por
cumplir con bancos y pulperías y, que el gobierno no les ha saldado? ¿Puede ser
“sustituido” un docente, por oponerse a las políticas neoliberales promovidas
por los monstruos de FMI y BM de privatizar el sistema educativo nacional, lo
que significaría menos pobres a la escuela y la posibilidad de que se
proliferen las empresas privadas educativas, donde el niño o la niña, no son
vistos como educandos, sino como clientes? ¿Puede ser “sustituido” un docente,
por ofrecer resistencia en contra de la propuesta de los supuestos “Padres de
la Patria” de municipalizar el sistema educativo, en un claro intento de
sacudir su responsabilidad histórica y depositarla en manos de alcaldes
municipales –muchos de ellos- fanáticos de su partido político e ignorantes de
lo básico de un proceso de enseñanza-aprendizaje, currículo, administración
educativa, administración financiera, metodologías, monitoreo, supervisión y
evaluación educativa, entre otros más. ¿Puede ser “sustituido” un docente, por
defender su más emblemático logro en la búsqueda de dignificar el ejercicio de
su profesión como lo es su Estatuto?
¿Puede ser “sustituido” un docente, por demandar mejor disponibilidad de
espacios educativos con las condiciones psicopedagógicas necesarias para
favorecer los procesos educativos?
¿Puede ser “sustituido” un docente, por solicitar se limpie de
burócratas asignados por politiqueros y recomendados de dirigentes
magisteriales corruptos que han evitado el ideal funcionamiento y eficiente
administración de los sacrificios magisteriales “resguardados” en el INPREMAH?
¿Puede ser “sustituido” un docente, por desaprobar que algunos diputados,
alcaldes municipales y ministros -en contubernio con otros dirigentes
magisteriales- violenten los procedimientos estipulados en el Estatuto del
Docente para aspirar a la digna labor de educar? ¿Puede ser “sustituido” un
docente, por defender la memoria de más de una veintena de educadores que desde
el 28 de junio del 2009 hasta la fecha han sido asesinados por las fuerzas represivas
del Estado? ¿Puede ser “sustituido” un docente, por buscar en la calle el único
espacio para hacer valer su voz ante la injusticia y a cambio recibir tortura,
gases, dolor y hasta la amenaza de muerte? Si la respuesta a alguna de las
interrogantes anteriores por parte de los funcionarios de este gobierno, dicho
sea de paso, carente de legitimidad y compromiso social, fuese afirmativa, entonces no cabe el menor
ápice de duda, se debe continuar demandando el cumplimiento de derechos en la
calle y, a quienes debiese imponérseles la “ley” de “sustitución” de sus
cargos, es justamente a ellos, por no respetar la voluntad y los derechos del
pueblo, mismo que en sus gastados discursos, de manera farsante, se ufanan en
representar.
*Catedrático y escritor. Email: alexdesantabarbara@yahoo.com
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